| Las técnicas de IMT se desarrollaron
basándose en las siguientes premisas: precisión,
ligereza, no invasiva, no dolorosa, facilidad de aplicación,
y sin forzar el cuerpo hacia un resultado preconcebido. El terapeuta
(1) aplica una presión suave y precisa (de 5-10 gramos)
o (2) coloca el cuerpo del paciente en una postura precisa durante
unos minutos. La presión que se aplica se transmite como
si fuera haciendo una palanca al punto lesionado. Como consecuencia,
se crea un fulcro alrededor del cual los tejidos lesionados
se relajarán y se corregirán. Este fenómeno
permite reorganizarse y curarse al sistema a través hacia
un estado de equilibrio nuevo. No hay ningún contra-indicación.
Mientras el proceso de tratamiento va progresando, las capas
de disfunción se liberan secuencialmente (como pelando
una cebolla). Las técnicas permiten acceso a las raíces
de los problemas subyacentes, cuales no serían visibles
sin tratamiento de las lesiones en la superficie. “No
puedes tratar a lo que no puedes encontrar o ver.” Se
da a los pacientes ejercicios funcionales, técnicas de
auto-tratamiento, y recomendaciones sobre la dieta y estrés,
para que ellos puedan auto-controlar los problemas independientemente.
Es importante notar que IMT no cura nada; trabaja como facilitador,
dando más potencial y posibilidades para que pueda movilizar
sus propias capacidades auto-curativos. Este proceso se consigue
equilibrando el cuerpo como un todo, guiando a la persona en
su propio proceso de curación, recuperación y
aprendizaje. La filosofía de IMT reconoce y respecta
el hecho de que una persona es la culminación de su historia
y sus experiencias pasados, sus actitudes, valores, creencias
actuales, y objetivos/aspiraciones del futuro, y se está
esforzando hacia su propio camino y buscando su propósito
en la vida.
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